Cuéntame una historia,
háblame de campos acostados en tardes cálidas,
de lejanos paraísos inexistentes,
vísteme con el vuelo de pájaros imaginarios
bendecidos por el color y el canto.
Dibújame noches brillantes
de estrellas como lágrimas de plata,
donde no tenga sueño, ni sed, ni hambre;
y donde pueda abandonarme sin destino
en la cuna de tus brazos.
Navegaremos alegres por un mar verde como tu mirada.
Que las mariposas de tus manos me canten
viejos romances olvidados
y sacie mi sed en tu pozo de cristalinos labios.
Haz que todo en mí sea ya olvido,
conviérteme en un ser sin memoria,
que se me pasen de largo los lutos
como pequeñas despedidas muertas.
Haz de ti mi casa, y cierra puertas y ventanas.
En silencio, amor mío,
en silencio viviremos todas las mañanas.
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