Ha llegado el rocío a los campos secos y asolados.
Se diría que esta primavera, lluviosa y fría,
ha querido dejarme, por sorpresa,
el anuncio alegre de una nueva vida.
Me han venido de pronto las prisas y he olvidado
todos los horarios, apagando relojes,
abandonados en todos los rincones.
No queda espacio ya para casi nada.
Tú conoces cada rincón de mi alma,
que has hecho tuya por convicción y por derecho,
llenándola de cantos alegres, de cientos de risas,
de todas tus palabras nuevas,
galopando libres como ráfagas de viento.
Y me voy acostumbrando a ti,
lentamente. Y donde todo era silencio
solo se escucha ya el murmullo de tu voz.
Me sorprenden las risas, donde reinaban los lutos.
Poco a poco, serás parte de todo esto.
Serás la casa, la hora esperada,
serás la lumbre y el calor de la lumbre.
Y me acostumbraré al roce de tus manos,
que dejarán en las mías tu aroma tibio;
y beberé tu aliento y tu encanto,
con cada beso furtivo y con cada abrazo.
La primavera, caprichosa
ha querido hacerme un regalo.
Y como las flores al alba,
recibiré sediento este rocío temprano.
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