martes, 7 de junio de 2016

El pueblo

Mira este pueblo, acostado al borde de ese mar en calma,
tranquilo y callado como un conjunto de ancianas en un velatorio.
Está en paz, casi dormido en esta tarde fría y clara.
Parece como si la brisa se hubiera congelado
en medio de sus calles,
y ni los pájaros se atrevieran ya con su canto.
Es un pueblo disecado, al borde de un mar blanco.
La iglesia, blanca, solitaria,
vigila la calle terca y vigila las almas.
Las ancianas de luto, los árboles desnudos
y todas las casas, viejas y calladas.
Si la encuentras por la calle, dile que allí fui feliz.
Fue hace mil años, parece que en otra vida, 
tal vez ni estuviera yo allí. 
Sin embargo, lo recuerdo todo,
el parque al caer la tarde,
el camino polvoriento,
la arena infinita y blanca.
Entonces caminaba a mi lado.
Si te tropezaras con ella, recuérdale que allí fui feliz.

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