Giran las horas silenciosas hasta refugiarse en la noche.
Tus últimas palabras penden del firmamento como las estrellas
y como ellas brillan parpadeando, sin extinguirse del todo,
hermosas pero frías, cautivadoras y cautivas.
Dejan tras de sí su huella leve, como de perfume que aún no muere
y cierro los ojos, al igual que cuando te robo un beso fugaz.
Estás ausente y sin embargo todo me habla de ti,
en cada instante, en cada paso y en cada lamento.
Presiento que esa será mi compañía desde ahora,
una presencia como de sombra, silenciosa e inalcanzable,
terriblemente constante y lejana, como un fantasma de mi infancia.
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