jueves, 2 de junio de 2016

Mayo

Se acaba este mes de mayo tan extraño,
quisiera que no terminara nunca.
Entre fríos de invierno y lluvias caprichosas,
hemos recuperado el ritmo de la palabra,
serpenteante y libre, alegre y tierna,
saboreando hasta cualquier silencio
que quedara flotando entre nuestros labios,
como una pompa de jabón,
que sabíamos efímera y breve,
pero ¡tan hermosa!
Todo es hermoso en realidad ahora,
bañado como está todo de nuestros recuerdos
y de esta realidad nacida de repente,
a borbotones, rompiendo cualquier norma,
apropiándose de todo cuanto era cierto
para convertirlo en un laberinto de deseos.
No tenemos el control de nada,
y tampoco lo queremos.
Somos como un corcho en el torrente,
una pluma en medio de un tornado,
una palabra ardiente y unas manos apretando.
¡Qué importa ya nada! 
Hasta aquí nos han traído nuestras viejas promesas,
aquellos veranos de arenas y campos,
los paseos hasta el borde del océano
y aquella mirada que lo comprendía todo.
Y los poemas, la ternura, la inocencia y mis miedos.
Y aquí estamos de nuevo,
sin remedio.
Volvemos a ser como entonces,
y nada puede ya deshacer lo que tenemos.
Se nos muere mayo entre las manos,
¡que no se me olvide jamás este mayo eterno!

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