Descansa, apoya tu cabeza
en la almohada y sueña.
Ha llegado el tiempo de las confidencias
y de los silencios. Tan callando.
Recorremos con la mirada
cada estante, cada rincón.
Toda fotografía y todo espacio.
Quitando el polvo y las telarañas
de las esquinas oscuras
de todas las habitaciones.
Pero no te inquietes, descansa.
Deja que la brisa entre en tu casa.
La luz de la tarde, la música
invadirán cada estancia,
nuevas invitadas
a esta fiesta secreta e inesperada.
Y si algún día te llegaras
a sentir cansada,
¡descansa!, deja en mis hombros
toda pena, toda duda, toda carga.
Yo velaré tus sueños,
seré el guardián de tu cama.
Recogeré del suelo el fardo
y llevaré conmigo a cuestas
el sufrimiento de ambos.
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