miércoles, 1 de junio de 2016

El encuentro

Todo era blanco y distante,
todo era de agua en aquella mañana
de lluvia obstinada.
El tiempo, siempre él, insolente,
aferrado a mi cuello mientras te esperaba.
Y el miedo también,
todos los miedos del mundo,
en una botella de agua.
Y por fin apareciste tú,
con tu sonrisa perfecta
desplegada como una bandera blanca.
Y ya no supe hacer nada.
Me acogiste en tus brazos
y ahí perdí la vergüenza.
¿Murmurabas mi nombre?
No lo recuerdo, juraría que alguien lloraba. 
Y entonces ya no hubo nadie más,
solo la luz de tu mirada
abriéndose paso entre las sombras.
En ese mismo instante, sin remedio,
te convertiste en la dueña de mi alma.

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