No hay palabras ya. Todas se han vuelto negras,
inútiles, hirientes y con un filo de muerte.
No hay palabras ahora, solamente dolor.
Dolor como una verdad absoluta.
Dolor de un vacío negro, de la soledad y del tiempo muerto.
Mis manos están vacías, el dolor negro.
Silencio. Todo se ha vuelto frágil esta tarde.
Como si un cristal se quebrara en la noche infinita
y quedara todo en suspenso, frágil y roto sin remedio.
Ya se me ha deshecho el sueño, los sueños,
entre silencios y velos negros, de hielo y de fuego.
En un solo segundo te has marchado
y eras de pronto un minúsculo átomo lejano,
inalcanzable, gritando desde otra realidad,
en un mundo donde ni mi dolor tiene ya cabida.
No espero nada ahora, ya no. Solo la nada,
que irá creciendo como una planta hambrienta
de silencios, de noche y de lamentos.
Ahí irán a parar mis palabras, diminutas,
en oraciones secas, sarcófagos húmedos
con el aire mustio, sin color ni aroma, seco.
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