domingo, 19 de junio de 2016

En busca de descanso

He andado por muchos caminos,
he recorrido pueblos perdidos
tras sendas polvorientas.
He visto muchos amaneceres extraños,
donde nadie me era cercano.
He estado allí donde me han llevado mis pasos,
siempre sin compañía, extrañado y extraño
en medio de plazas sombrías
y perdido en un mar de miradas sin dueño.
He visto cientos de palomas picoteando furiosas
y he huido de allí aterrado.
He visitado pequeños cuartos de hotel,
todos iguales, todos ajenos y fríos
como témpanos imperfectos y vulgares.
Y no he encontrado la paz ni el reposo,
todos eran cuevas vacías y silencios roncos.
Y es que ya lo sabes, me conoces demasiado.
Solo encuentro reposo estando a tu lado,
cuando dejo de ser yo solo y me acogen otras manos.
Entonces soy otro, quizá el mismo, pero con otros ojos.
Entonces llega el sueño, el reposo y mi descanso.

viernes, 17 de junio de 2016

Vacío negro

No hay palabras ya. Todas se han vuelto negras,
inútiles, hirientes y con un filo de muerte.
No hay palabras ahora, solamente dolor.
Dolor como una verdad absoluta.
Dolor de un vacío negro, de la soledad y del tiempo muerto.
Mis manos están vacías, el dolor negro.
Silencio. Todo se ha vuelto frágil esta tarde.
Como si un cristal se quebrara en la noche infinita
y quedara todo en suspenso, frágil y roto sin remedio.
Ya se me ha deshecho el sueño, los sueños,
entre silencios y velos negros, de hielo y de fuego.
En un solo segundo te has marchado
y eras de pronto un minúsculo átomo lejano,
inalcanzable, gritando desde otra realidad,
en un mundo donde ni mi dolor tiene ya cabida.
No espero nada ahora, ya no. Solo la nada,
que irá creciendo como una planta hambrienta
de silencios, de noche y de lamentos.
Ahí irán a parar mis palabras, diminutas,
en oraciones secas, sarcófagos húmedos 
con el aire mustio, sin color ni aroma, seco.

martes, 14 de junio de 2016

La sombra

Giran las horas silenciosas hasta refugiarse en la noche.
Tus últimas palabras penden del firmamento como las estrellas
y como ellas brillan parpadeando, sin extinguirse del todo,
hermosas pero frías, cautivadoras y cautivas.
Dejan tras de sí su huella leve, como de perfume que aún no muere
y cierro los ojos, al igual que cuando te robo un beso fugaz.
Estás ausente y sin embargo todo me habla de ti,
en cada instante, en cada paso y en cada lamento.
Presiento que esa será mi compañía desde ahora,
una presencia como de sombra, silenciosa e inalcanzable,
terriblemente constante y lejana, como un fantasma de mi infancia.

lunes, 13 de junio de 2016

Distancia infinita

Como una carretera infinita, en medio de un desierto blanco,
así siento a veces la distancia que se extiende entre nosotros,
cuando me hablas de ese viaje que necesitas emprender
y tus manos se quedan frías, inmóviles, como dos mariposas muertas.
Recuerdo entonces su aleteo febril entre las mías, 
prisioneras efímeras en tus lazos ardientes.
Y mi silencio crece como la oscuridad en un pozo
y el eco azul repite constante mis últimos lamentos
que llegarán a ti repetidos y torpes para morir de pronto
como quién despierta de golpe de un sueño sombrío.
Y a pesar de todo, me aferro a cada pequeño momento
en que me amaste, furiosa y terca como el hambre.
Y no había sed que no pudieras saciar, de repente libre,
saltando a la nada inocente y alegre, pura al fin,
con las mañanas blancas en tu mirada
y el rocío alegre y nuevo salpicando tu frente.
Así quisiera verte ahora, detenida la espera, eterna,
así quisiera amarte al fin, en un instante fugaz… y siempre y siempre.

domingo, 12 de junio de 2016

Dos horas

Caen los velos negros sobre las casas,
el mundo entero es pequeño y torpe
y escapas, escapas hacia ningún lugar.
No me queda ya esperanza.
Giras los brazos en una despedida constante,
la mirada brillando, inundada de un llanto
que no parece tener fin jamás.
Hablas de victorias imposibles
y cuentas los años como si fueran siglos.
Y yo te escucho en silencio,
como si rezara a un dios en quién no creo.
Y siento que todo en mi se desmorona.
Estás distante como un planeta remoto
y no te llegan mis lamentos,
aplacados por el inmenso vacío
que ha crecido como la niebla sobre el río,
blanco como una nube solitaria, 
frío como un témpano de hielo.
Aletea en tu mirada un cristal pasajero,
una esperanza, tal vez un segundo duradero.
Busco en mis bolsillos algo que ofrecerte,
un amuleto, quizá el secreto de la eternidad.
No tengo tiempo, no lo tenemos.
Dos horas para despedirte
me parece muy poco tiempo.

sábado, 11 de junio de 2016

Inmortales

Pueden pasar los años, 
como perezosos caminantes en fila,
repetidos como un sonido hueco en un pozo,
lúgubres peregrinos hacia su meta.
Lo que no ha perecido es nuestro amor,
adormecido en una tarde de estío, 
tierno como el deseo de un niño.
Pudo separarnos la vida,
enredando con sus despiadados dedos,
confundiendo el norte y el sur,
los caminos y los senderos.
Lo que no puedo es olvidarte,
ni sin querer ni queriéndolo.
Pudimos juntar nuestro destino
con el primer desconocido
que nos enredaba los pasos,
pequeños cristales brillantes
tintineando sin descanso,
y dejarnos llevar a una vida tranquila,
y hasta triste, ¡insensatos!,
sin ser conscientes del daño.
Pero no podremos reprimir las risas
cuando estemos mano con mano,
regresando juntos por nuestro viejo camino
de lunas de plata, bordeando lagos.
Podemos olvidarnos del mundo,
ser viejos inclinados por el dolor infinito
y tener la mirada de cristal opaco  
y perdernos en mil recuerdos sin dueño,
vencidos y asustados.
Pero jamás seremos dóciles ni mansos,
jamás perderemos el relámpago,
el corazón galopando,
la música en el alma
y la necesidad de amarnos.

viernes, 10 de junio de 2016

En casa

He vuelto a casa. 
Cansado de deambular sin meta.
Cansado de mis pasos agrietados,
de las rodillas doloridas 
y de ese frío húmedo en mi espalda,
que no me dejaba respirar.
No he sido consciente,
pero ahora lo veo claro:
estoy en casa, he regresado.
Me lo dice esta brisa nueva,
cargada de sal y de aire.
Me lo dicen esas manos
que amasan el tiempo 
en un ovillo perfecto y cálido.
Me lo cantan las risas,
que brotan en la oscuridad
como el tañer de las campanas,
revoloteando entre las sombras
como mariposas ingrávidas.
Me lo dice este silencio
que me duerme sin prisa,
saboreando los segundos de paz
que ya no terminan.
Me lo dicen esos besos,
ebrios e inquietos,
como estallidos cálidos
de vida y de sangre,
repletos de color y de acero.
Nada me reclama ya
más allá de este momento.
He regresado a mi casa.
Dejo los zapatos en la entrada
y me acuesto al fin en mi lecho.