jueves, 2 de junio de 2016

Compañera

¡Qué larga es esta tarde ahora!
Se diría una pradera inabarcable
y yo, en medio, como un náufrago solitario.
Mi soledad es una amante celosa.
Mis años son incontables,
hacia atrás… forman un universo 
que me reclama y aprisiona
con sus guantes de seda y sus encantos.
Recupero una canción,
descargo mis pasos nerviosos,
recuerdo al gato y los ocasos cálidos
y no encuentro sentido a nada, en realidad.
Tan solo un amor lejano,
que llama terco a mi puerta
es ya la sola compañía que necesito.
Las palabras se me escapan,
y los suspiros corriendo tras ellas.
Quisiera no despertarme ya,
dejar que la brisa me duerma
y soñar, otra vez, con las flores amadas,
la rosa y el jazmín.
Los años dorados de la alegría en la mirada.
Compañera, amiga, mi sola amiga,
cuántos años desperdiciados,
nos hemos vuelto viejos,
nos han podido las soledades y los desengaños.
Hasta ahora, hasta este mayo y sus cantos.
Reposa en mi hombro, duérmete en paz,
respira mi aliento y camina por siempre a mi lado. 

Tarde de lluvia

Llueve sobre los campos
mientras mecen las hierbas 
unas manos invisibles
de dedos cálidos.
Escuchamos el ruido de la lluvia
y podemos sentir su aroma,
subiendo desde la tierra húmeda
y trepando hasta nuestras bocas.
Otras manos, más menudas,
juegan alegres con las mías
en un baile silencioso y cálido,
como llamas lamiendo mis manos.
Y de repente, tu mirada se enciende,
me atraviesa y me prende
y recibo un mar de besos ardientes
como el agua que baña los campos.
Esta tarde es nuestra casa,
maderas claras, lluvia y primavera,
y nos la bebemos despacio,
entre risas nerviosas y el calor de tus abrazos.
No necesitamos ya nada más,
solamente somos miles de recuerdos
y esta tarde, inmóvil,
que se adormece en mi hombro
como una dulce amante
tras un solitario viaje de infinitos años.

Mayo

Se acaba este mes de mayo tan extraño,
quisiera que no terminara nunca.
Entre fríos de invierno y lluvias caprichosas,
hemos recuperado el ritmo de la palabra,
serpenteante y libre, alegre y tierna,
saboreando hasta cualquier silencio
que quedara flotando entre nuestros labios,
como una pompa de jabón,
que sabíamos efímera y breve,
pero ¡tan hermosa!
Todo es hermoso en realidad ahora,
bañado como está todo de nuestros recuerdos
y de esta realidad nacida de repente,
a borbotones, rompiendo cualquier norma,
apropiándose de todo cuanto era cierto
para convertirlo en un laberinto de deseos.
No tenemos el control de nada,
y tampoco lo queremos.
Somos como un corcho en el torrente,
una pluma en medio de un tornado,
una palabra ardiente y unas manos apretando.
¡Qué importa ya nada! 
Hasta aquí nos han traído nuestras viejas promesas,
aquellos veranos de arenas y campos,
los paseos hasta el borde del océano
y aquella mirada que lo comprendía todo.
Y los poemas, la ternura, la inocencia y mis miedos.
Y aquí estamos de nuevo,
sin remedio.
Volvemos a ser como entonces,
y nada puede ya deshacer lo que tenemos.
Se nos muere mayo entre las manos,
¡que no se me olvide jamás este mayo eterno!

Uno más uno

Caprichoso destino el nuestro.
Esta vida nuestra, de azar y espera.
¡Cómo han ido cayendo los años
delante de nuestros ojos!
Uno tras otro, torpemente.
Se diría que ha pasado una vida entera,
una eternidad de olvidos, de miradas al frente.
Porque tanto dolor tenía que morir adentro,
enterrándolo, para no escuchar su llanto.
Sin saberlo, recorrimos los mismos caminos,
vaciamos las mismas maletas,
a mil kilómetros de distancia, sin saberlo.
Y sin quererlo, cometimos ambos el mismo crimen
y enterramos con las manos todos los sueños.
Nos aferramos a unas vidas inventadas,
donde todo tenía la lógica de lo absurdo.
Ni a soñar nos atrevimos, temerosos del reflejo,
asustados como niños pequeños.
Y ahora, de repente,
con los comienzos de este mayo querido,
la casualidad nos ha reunido de nuevo.
Y al verte, te he reconocido.
En la risa, en el revoloteo de las manos,
en la mirada candente, en tus abrazos.
Y tu me has reconocido también, al verme,
y me has abierto las puertas de tu casa,
y hemos encendido la hoguera 
para calentarnos los huesos
juntos, como era nuestra costumbre.

En el coche

Llovía, como siempre
con esa constancia cansina,
sabiendo que el cielo entero es de agua
y las calles, diminutas,
dejaban correr riachuelos nerviosos hacia el mar.
En silencio, subíamos del mar hacia tu casa,
despidiéndonos de esa tarde, breve y hermosa,
como una promesa secreta.
Empecé a cantar y me mirabas,
dulce y tranquila,
el alma enamorada asomando en tu mirada.
Había algo íntimo en ese deslizarnos en la noche,
furtivos y heridos, dejándolo todo atrás,
un océano de deseos secretos.
Tu rezabas en silencio para que no terminara ese viaje
o para que lo prolongáramos hacia otros paisajes inmensos
que cubrieran la tierra hasta donde alcanzara nuestra mirada.
Y de pronto se paró todo,
el ruido constante y mecánico, el gemir de los charcos,
el rumor del viento y mi canto.
Cayó la venda de nuestros ojos
y fuimos dos seres diminutos e indefensos,
abrazándonos, locos náufragos sin asidero.
El tiempo, parado hacía casi un segundo,
volvió terco para imponer su tiranía.
Y saliste a la lluvia y a la noche,
pequeña mariposa herida,
llorando más que mil tormentas,
hasta perderte en la oscuridad.
Se nos murió la tarde entre los brazos,
tierna historia de todo lo inacabado.

Rocío

Ha llegado el rocío a los campos secos y asolados.
Se diría que esta primavera, lluviosa y fría,
ha querido dejarme, por sorpresa,
el anuncio alegre de una nueva vida.

Me han venido de pronto las prisas y he olvidado 
todos los horarios, apagando relojes,
abandonados en todos los rincones.
No queda espacio ya para casi nada.

Tú conoces cada rincón de mi alma,
que has hecho tuya por convicción y por derecho,
llenándola de cantos alegres, de cientos de risas,
de todas tus palabras nuevas, 
galopando libres como ráfagas de viento.

Y me voy acostumbrando a ti,
lentamente. Y donde todo era silencio
solo se escucha ya el murmullo de tu voz.
Me sorprenden las risas, donde reinaban los lutos.
Poco a poco, serás parte de todo esto.
Serás la casa, la hora esperada, 
serás la lumbre y el calor de la lumbre.
Y me acostumbraré al roce de tus manos,
que dejarán en las mías tu aroma tibio;
y beberé tu aliento y tu encanto,
con cada beso furtivo y con cada abrazo.

La primavera, caprichosa
ha querido hacerme un regalo.
Y como las flores al alba,
recibiré sediento este rocío temprano.

Domingo

En esta absurda tarde de domingo
todo parece durar de pronto un segundo.
El beso, el abrazo, un instante fugaz.
Tu risa, que aún recuerdo como antaño,
es ya un segundo del pasado.
El paseo junto al mar,
con las aves en silencio
y el aire congelado en las nubes,
blancas, como un brochazo sobre las colinas,
también me parece ahora un segundo tan solo.
Solamente tu dolor, amor mío,
resulta ahora eterno,
y las lágrimas que saltaban sobre tus mejillas
como si no fueran a desaparecer nunca.
Y mi soledad, también es eterna ahora.
Va recobrando todos sus reinos, 
irguiéndose vencedora
en una lucha desigual e injusta.
Como eterna me parece también esta distancia
que nos convierte en sombras, lejanos recuerdos
de una era gloriosa.
Ahora somos la nada absoluta, fría y estéril.
El eco sin vida, una simple añoranza.
Y sin embargo, no quiero renunciar a nada, ¡aún no!
¿Cómo podría ahora vivir de nuevo sin tu risa?
No, ya no puedo. Mis fuerzas,
las que aún resisten, me empujan todavía a ti.
Pero no sé contra qué lucho,
me has dejado sin meta ni enemigo.
Siento que debo salvarte, amor mío,
y en ello empeñaré mi vida.
Siento frío, de repente,
no escucho más que gemidos,
y la noche avanza, hambrienta,
dispuesta a comerse mi alma.
¿Quién puede resistir tanta hambre?
Espera, espera, no te vayas
aguarda, amor, amada, compañera.
no podría ya vivir de otra manera.