domingo, 2 de julio de 2017

Es posible

Es posible que ya no te vuelva a ver.
Nuestros caminos, tan cercanos en el alma,
nunca terminan de encontrarse al azar.
Caminarás, sin embargo, a mi lado
como camina la sombra en verano.
Y susurrarás tus sabias palabras
como susurra el viento entre las ramas
en invierno.
Me gusta imaginar cómo sería nuestro encuentro,
por casualidad, en medio de la gente,
anónima y apresurada, una tarde,
en otoño.
Desearía entonces verte sonreírme, 
sin duda alguna.
Orgullosa y fuerte.
Pero desearía imaginar que descubro
una sombra en la perfección de tu mirada,
un suspiro reprimido, un quejido secreto,
un pequeño dolor reprimido
que me confiese al oído
que todo cuanto fue entre nosotros y el cielo
pervive en tu corazón, 
vivo, a salvo y secreto.

martes, 16 de mayo de 2017

Pasa el tiempo

Pasa el tiempo, casi sin querer, corriendo.
Han caído las hojas de los árboles
y ya ha llegado el invierno.
Los frutos se vuelven morados
y curvan las ramas más tiernas.
De repente es el tiempo del verano.
Me han salido algunas canas
y me duelen algo más mis huesos,
pero aún tengo un resto de esperanza.
Es el olor de tus manos, un recuerdo.
Es la luz del alba tras las montañas,
el rumor del viento, es el silencio.
Puede que la rueda gire de nuevo.
Te imagino golpeando mi puerta
una noche, mientras me duermo.

lunes, 13 de febrero de 2017

Invierno

Ha sido una larga tarde triste,
de grises calles de agua,
brillantes y solitarias,
y a la deriva, como un barco de velas blancas.
De gente fugaz, como gotas diminutas,
diminutas y frías. Sin sombra.
Caminantes en este invierno frío,
hojas voladas al sur.
Me asemejo a un viajero que ha alcanzado el horizonte.
Y solo tengo cuanto ha quedado atrás,
tan lejos como la infancia,
tan efímero como la juventud.
Pasa la vida a mi lado,
y observo cada gesto, fugaz vuelo de cometa,
viajero de un tren sin paradas.
Desfila rauda la vida, ajena a mí.
Paraíso extraño al que no estoy invitado.
Te quiero imaginar, durante un instante, alegre,
apenas inconsciente.
Ocupando tu espacio en el universo,
segura y precisa, como los segundos.
Eres el aire que se eleva huidizo,
el eco de un susurro, 
el deseo de un grito.
Un paso sigue a otro paso,
dolorosamente cansados,
sin ruido. 
Se van perdiendo las calles
en brillos de agua,
incómodas e inhóspitas
como lápidas blancas.
Todo se ha vuelto blanco,
como un pasillo de hospital.
Blanco y frío. 
Es invierno.

viernes, 3 de febrero de 2017

Imposible

Algunas veces, dentro del silencio que todo lo envuelve,
encuentro un instante de paz, en el silencio.
Y mi espacio es entonces único y secreto,
redondo y concéntrico. 
Aspiro a un imposible.
Desearía poder contentarme con contener
en un instante la felicidad de mi universo,
y regar entonces mi alma
y verla florecer, al sol, en paz. Para siempre. 
En un segundo. 
Y que el tiempo fuera entonces un punto de luz.
Inamovible.
Quisiera encontrar el equilibrio y no tener miedo al vacío.
Quisiera volver atrás, y poder mirarte como te miraba
y sentirte como no te siento ahora, 
de nuevo, de pronto.
Y que cerraras los ojos y me miraras, desde dentro.
Quisiera que te acostaras frente al mar, 
respirándome.
Quisiera hacer de todo una eternidad, 
y vivirla contigo.
Quisiera temblar a tu lado, cada tarde, 
tarde,
cuando me duelan los ojos y se me adormezca el alma,
y refugiarme en ti, como un barco en busca de abrigo.
Aspiro a un imposible.

lunes, 16 de enero de 2017

Un dios menor

Quisiera poder quedarme con cada una de sus palabras,
atesorarlas en secreto, como un pequeño huraño,
y poder recitarlas en silencio, cada noche,
como las oraciones de mi infancia.
A veces, ella me sorprende con sus recuerdos,
nítidos como un espejo de agua,
limpios y puros como tu primer beso.
Entonces me siento pequeño y torpe,
como un amante inadecuado y pobre.
Y desearía poder compensarla de todos mis errores,
hacerme merecedor de sus sueños.
Un príncipe erguido frente al horizonte,
abarcándolo todo, 
como un patriarca o como un dios menor.
Su dios o, al menos, su última esperanza.

domingo, 15 de enero de 2017

De repente

De repente, al breve sonido de un compás,
saltando alegre como agua entre las rocas,
todo el silencio de la soledad de este mundo
se quiebra como una falsa realidad.
Y el abandono no es sino un sueño efímero,
y la soledad, un vacío quebrado, colmado de caricias.
Tu despedida, un regreso íntimo; 
y las lágrimas, como tus besos, dulce rocío.

martes, 3 de enero de 2017

Que se vayan los versos

Quisiera dejar escapar estos versos
y que corran como agua entre mis dedos.
No deseo hacerlos míos, ya no.
No tengo fuerza para seguir así,
buscando una palabra amiga, 
una caricia y un poco de consuelo.
He llorado todas las lágrimas que podría llorar
y he tiritado de frío 
mientras se perdía 
el recuerdo de tu mirada en la inmensa noche,
en el vacío del silencio. En la nada.
Quisiera que mis lamentos se murieran de repente,
sin dejar rastro en el papel blanco.
Que la música se callara, de pronto,
y dejara de cavar su rastro amargo en mi alma.
Quisiera olvidarme de ti.
No recordar jamás tu nombre,
ni la belleza de tu mirada tranquila.
Quisiera no tener que llamarte,
cada noche, desde mi distante agonía.
Ni esperarte cada día, 
en cada esquina, en cada ruido,
en cada paso tras mis pasos, 
en cada sonrisa tras mi llanto.
Quisiera prometerte que te he olvidado.
Que he borrado tu nombre de mi vida
y que todo es ya un manto de luz
que me venda los ojos y me ciega el alma.
Quisiera prometerme que seré feliz
en el olvido, en la ciénaga y en la soledad de mi casa.
Y quizá así lograra engañarte, 
con un poco de suerte.
Dejaré pues que estos tercos versos  
se pierdan en el silencio de esta tarde, 
sin dueño, sin que nada los retenga ya a mi lado.
Cerraré los ojos. Un segundo.
Tal vez consiga pensar que no has existido.
Que tu belleza fue una ilusión efímera
de mi mente enferma.
Que tus caricias eran solo susurros del viento.
Y el aire, roca, y la luz, lamento.