martes, 6 de diciembre de 2016

Hilo invisible

Aparece un hilo invisible en el cielo,
tras los blancos valles del alba 
y un sol pálido que se parece a una luna cana.
Siento tu ausencia como una daga helada
y se me encoge, temerosa y frágil, el alma,
como un niño en medio de la nada.

sábado, 12 de noviembre de 2016

Inocencia

Después de todo, ¡éramos tan inocentes…!
Creíamos poseer el universo,
altivos en nuestra humilde ignorancia.
Yo sentía que mi vida era mía,
saciado y huraño
como un avaro con sus monedas.
Aún creía en la propiedad de las cosas.
Y entonces llegaste tú, como un día cálido
en medio de las tormentas.
Hermosa y tímida. Fuerte y libre.
Y me cogiste de la mano
en aquella tarde lánguida y silenciosa.
Como los susurros.
Como mi llanto.
Me ataste a tus pasos,
cálida y querida
como un camino de la infancia.
Juntamos nuestros destinos sin más frontera
que tu mirada y algunos poemas.
No supe de mi riqueza entonces,
no supe nada con certeza,
porque nada era urgente
ni triste ni definitivo.
Nada… hasta ese instante maldito.
Sin remedio, ignorantes del futuro,
dejamos crecer el silencio
como crece el olvido en el cementerio.
Y nos acogimos al porvenir negro,
como una gruta,
húmeda y silenciosa,
donde no cabría ni un eco.
Tú querías un instante de paz
y yo anhelaba el silencio.
Dejamos el cuarto a oscuras
tras recoger cuanto nos pertenecía,
de espaldas, odiándolo todo
sin siquiera saberlo.
Y caminamos hacia la noche.
Nada ni nadie pudo prevenirnos.
Cargamos con nuestros errores
en nombre del destino.
El mundo fue entonces una estepa
donde yo vagaba sin rumbo,
en busca de algo 
que me había dejado en el camino.
¡Pobre necio sin esperanza!
Cuando llegó el invierno
ya estaba desnudo y perdido.
Ni la más grande hoguera
hubiera calentado mis huesos.
No había consuelo, ni paz, ni destino.
¿Qué fue de la rosa, de la ventana y de tus besos?
¿Cómo recorrer el camino
sin ojos, ni manos, ni deseos?
Veinte años, más aún,
hasta el instante preciso,
doloroso y tierno,
nuestro, secreto.
Un mes tan solo. Sólo eso.
Y de nuevo la soledad,
la luz que se pierde,
el frío y el silencio.
Después de todo...
¡seguimos siendo inocentes!

lunes, 17 de octubre de 2016

Cuestión de fe

¿Crees que el tiempo cura las heridas?
Lo has repetido como un mantra,
¡tantas veces!, hasta creértelo al fin.
Palabra de Dios. Tu Dios.
Pero sabes que harían falta
algo más de cien años
para curar tus heridas. 
Hay gente con suerte en la vida.
y siempre consiguen ponerse en pie.
Es como si obtuvieran el perdón eterno
con una suave caricia en la piel.
Pero eso nunca te ha pasado a ti.
A cada caída, seguro que seguirá otra
y otra más vendrá después.
Será que no has rezado bastante,
será que te ha faltado la fe.
Pero pasarán los años, sin remedio.
Dejarán tras de sí un dolor hueco,
como una capa de polvo
sobre los muebles viejos.
Pasarán los años y también
parte de tus recuerdos.
El olvido tejerá su nido de sombras
entre maderas rotas y silencio.

lunes, 10 de octubre de 2016

Eternamente

Tu mano.
Sentir el cosquilleo de tus dedos.
Jugando otra vez, tal vez.
Aún no lo he olvidado, no del todo.
Nunca.
¿Qué esperar? No más silencios, 
no más.
Escucho tus palabras, aún.
Tendidas entre el cielo y el mar.
Golpeando la oscuridad.
El rayo incierto. 
Tenaz.
Espero, aún. El milagro, la vida. 
Tú. 
Como si nada.
Eternamente mía. 
Jamás olvidada.
Cántame de nuevo,
dime quién soy. Otra vez.
A veces me pierdo. Sin ti. 
Me pierdo.
Penden tus risas del cielo, cada noche.
Y el mar. 
Y no puedo ver nada. 
Solo tu ausencia, como una aparición.
Tu blanca presencia.
Y mis sueños, corriendo tras tus pasos.
Eternamente.  

jueves, 1 de septiembre de 2016

Mayo eterno

Mayo como un sueño.
Mayo pequeño y frágil,
henchido de sol e incierto.
Mayo lejano ahora,
perdido en el tiempo.
Mayo querido y único,
irrepetible y nuestro.
Mayo amado y eterno.

lunes, 22 de agosto de 2016

Un lugar escondido

Encuentro un lugar escondido, con un hermoso árbol solitario,
y me siento, cansado, a reponer fuerzas entre muros blancos.
Un gorrión recorre el aire nervioso y dos mujeres me espían 
en silencio, en medio de esa tarde melancólica y ardiente.
Acude tu recuerdo a su cita diaria, tu rostro sonriendo,
tu mirada fresca, tu palabra constante. Eternamente mía.
Y entonces, empujado por todo lo que eres,
por cuánto me has dado y por un futuro imposible,
me armo con un papel y un lápiz, y los sueños,
aleteando en medio de esta nada obstinada.
“Dejaremos que pase el tiempo- escribo-
hasta que aquellos días furtivos
sean algo lejano y pequeño.
Entonces, casi desde el olvido,
con un dulce goteo de lamentos,
se erguirán nuestros recuerdos,
entre silenciosos escondites sombríos,
como gigantescos cíclopes pétreos”

lunes, 15 de agosto de 2016

Mía

Con un beso te haré mía.
Y con una palabra te prenderé a mis pasos
para el resto de nuestras vidas.